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Martes, 17 Febrero 2009 04:33

Wall Street y la crisis financiera mundial

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Este artículo explica sin tecnicismos la crisis financiera que afecta a a todo el mundo. Apareció en La Nación Domingo del 28/09/2008, queremos compartirlo con Uds. y lo reproducimos aquí por considerarlo didáctico.

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Por Darío Zambra B. / La Nación Domingo

Cómo se desarmó el castillo de naipes de los especuladores de Wall Street

La caída de los señores de la codicia

Son ambiciosos, arrogantes, atrevidos e ingeniosos. Crearon las formas más rebuscadas para ganar dinero fácil y rápido apostando en el mercado financiero. Con esas operaciones amasaron grandes fortunas. Hasta que una burbuja que ellos inflaron se reventó. Y hoy observan cómo la fortaleza que construyeron por décadas cae frente a sus ojos.


John Paulson es un tipo listo. El gestor del fondo de inversiones Paulson & Co. fue uno de los pocos inversionistas que el año pasado logró capear los primeros efectos de la crisis subprime. Al revés, sacó provecho de las turbulencias y obtuvo ganancias por 3.700 millones de dólares. En el colapso bursátil de la semana pasada también vio una oportunidad para abultar aún más sus bolsillos y apostó a la caída de cuatro de los más grandes bancos británicos: HBOS, Lloyds TSB Group, Barclays y Royal Bank of Scotland. Sin embargo, la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido descubrió las operaciones esta semana, develando que con éstas el broker ganó 1.400 millones de dólares.

Paulson es un especulador nato. Y en esta oportunidad utilizó uno de los métodos habituales de este tipo de inversionistas: previendo el desplome de las bolsas, pidió prestados los títulos de esos bancos a algunos accionistas a cambio de una comisión. Luego los vendió, esperó que siguieran cayendo, los recompró y los devolvió al propietario inicial. Sólo con esos movimientos ganó millones de dólares.

Este tipo de operaciones se conocen como "short sellings" o ventas cortas. Son las transacciones favoritas de los especuladores y unas de las que aceleraron el desplome de Wall Street, el epicentro de los mercados financieros. Pese a no ser los únicos, fueron sindicados por todos como uno de los principales responsables de la más grave crisis financiera desde 1929, y que mantiene en incertidumbre a las economías de todo el mundo.

De hecho, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, a los inversionistas eufemismo que utilizan en Chile para denominar a los especuladores los sentaron en el banquillo. La Presidenta Michelle Bachelet fue una de las más críticas: "La codicia y la irresponsabilidad de unos pocos, unidas a la desidia política de otros tantos, han arrastrado al mundo a una situación de gran incertidumbre. La crisis económica internacional es una derrota de los que creen que nada se puede hacer, de los que creen que nada se debe regular, o que la desigualdad no se puede remediar".

Eso es lo que hicieron durante décadas los brokers de Wall Street. Apostaron cifras descomunales, se arriesgaron y se beneficiaron con la nula regulación del mercado estadounidense. Así se movieron hasta la semana pasada, cuando el castillo de naipes que levantaron se desarmó con el fin de las entidades a través de las cuales se enriquecieron durante 75 años: los bancos de inversión.

El fin de la burbuja

Al igual que los pesos que se echó al bolsillo John Paulson, los montos que se mueven en el mercado de la especulación financiera son exorbitantes. Hasta antes del crash de la semana pasada, estas operaciones promediaban diariamente el billón 300 mil dólares. Lo más llamativo de todo es que estos flujos son sólo que no están relacionadas con lo que se conoce como "economía real". Es decir, en estas transacciones no hay compras ni ventas de maquinarias, tecnologías, equipos o infraestructura productiva. "Son sólo operaciones de papel que buscan tener una rentabilidad financiera", sintetiza el economista del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (Cenda) Hugo Fazio. Y un conocedor del mercado de capitales agrega que "el gran objetivo de los bancos de inversión es hacer dinero donde no lo hay".

Ese fue el mercado en el que operaron por más de siete décadas los bancos de inversión. Y ahí los especuladores se movían como pez en el agua. Su máxima es comprar barato para luego vender caro. Teodoro Wigodski, profesor del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile, explica que su rol "es principalmente fijar precios en el mercado para identificar si hay compradores y vendedores". Y su fin último es obtener la mayor rentabilidad en el menor tiempo posible, siempre en beneficio propio. "Estos inversionistas quieren ganar más haciendo menos. Buscan hacer dinero fácil. Y las especulaciones sobre instrumentos derivados esencialmente apuestas a valores futuros les vinieron como anillo al dedo", sostiene Armen Kouyoumdjian, quien trabajó durante 14 años como analista de riesgo en un banco de inversiones europeo.

Pero esta vez sus apuestas fallaron. Los inversionistas estaban ciento por ciento seguros de que el sector inmobiliario de Estados Unidos seguiría creciendo tal como hizo en el último tiempo. Casi toda la población estaba comprando casas e incluso los sectores medios bajos tenían acceso a los créditos hipotecarios. A esos préstamos el mercado los denominó subprime. Entusiasmados con este robustecimiento, los especuladores se apasionaron y apostaron por el sector inmobiliario, tanto que los precios de las viviendas subieron al igual que las hipotecas, obligaciones que millones de deudores no pudieron pagar. Hasta que la burbuja inmobiliaria reventó.

"Cuando no recibes los flujos que estás esperando te conviertes en una entidad más riesgosa", explica un experto en mercado de capitales. Toda la cadena fue rebotando. Estos "activos tóxicos" como se denominó a los créditos impagos se fueron concentrando en algunas entidades, como Lehman Brothers. Los bancos de inversión tomaron estos activos y los vendieron a terceros. Pero cuando comenzó la cesación de pagos se encontraron con que tenían que pagar los bonos a los inversionistas que habían confiado su dinero en ellos, y a su vez se dieron cuenta de que no estaban recibiendo flujos.

Fue así como comenzaron a caer uno a uno los grandes bancos de inversión: en marzo, Bear Stearns fue comprado por JP Morgan; la semana pasada, Merrill Lynch quedó en manos del Bank of America; un día después, el 15 de septiembre, Lehman Brothers se acogió a la quiebra, y los dos últimos que quedaban, Goldman Sachs y Morgan Stanley, se convirtieron en bancos comerciales esta semana, dejando atrás su agresivo pasado en la banca de inversión. "El error estuvo en las apuestas riesgosas y no todo el mundo cometió esos errores. Pero como en todo el sistema había una interdependencia muy fuerte, el castillo de naipes se derrumbó. El reventón de la burbuja inmobiliaria sólo destapó las debilidades del sistema", asegura Kouyoumdjian.

A comienzos de esta década, otra burbuja advirtió sobre la fragilidad del sistema, pero los grandes inversionistas la olvidaron rápido: la de las empresas punto com, cuyos precios fueron inflados en exceso por los especuladores al momento de colocarlas en bolsa. "Ese es un ejemplo de cómo manejas cosas en forma ilógica. Un par de adolescentes creaba un sitio web y los bancos de inversión colocaban sus acciones a precios más altos que las empresas que tenían fábricas y maquinarias. Técnicamente eran buenos, pero no un modelo para ganar dinero. Esa fue otra advertencia de la codicia y la estupidez de los mercados", dice el mismo experto citado antes.

La casa de apuestas de los yuppies

Hoy en Estados Unidos la principal apuesta es que se aproxima una fuerte ola regulatoria. Así sucedió después del crack bursátil de 1929. Uno de sus efectos fue la creación de la Ley Glass-Steagall, la que, para evitar los movimientos especulativos, separó dos negocios que hasta ese momento iban de la mano: la banca comercial y la de inversión. Esa prohibición se levantó en 1999, lo que no hizo más que aumentar la agresiva competencia de la industria financiera. A eso se sumó la nula regulación y supervisión sobre los movimientos de los bancos de inversión, y la combinación demostró ser fatal. Los resultados están a la vista.

"En Estados Unidos se dieron todas las condiciones para que la naturaleza humana expresara su disposición a la ambición. Siempre que no se asegura la transparencia y no se establecen sistemas de supervisión preventivos, se generan las condiciones apropiadas para que las personas abusen de la situación en beneficio propio y de su posición privilegiada", dice Wigodski.

El contexto que más favoreció a los grandes inversionistas de Wall Street fue el de la desregulación. Estos grandes bancos, que hoy ya no existen, aprovecharon la falta de supervisión y estrujaron sus cerebros al máximo para crear instrumentos de inversión cada vez más sofisticados y complejos. De pronto empezaron a inventar unos instrumentos financieros que sólo sus propios creadores entendían. Pero con eso ganaban mucho dinero: habían encontrado la piedra mágica. Crearon, por ejemplo, futuros de tasas de interés, futuros de los índices bursátiles y un sinfín de opciones igual de complejas. Muchos instrumentos se basaban en cosas inexistentes. "Se asimilaba más a una casa de apuestas que a un banco de inversiones", cuenta Kouyoumdjian. Incluso, algunos trataron de encontrarle una base científica. "Dijeron: ‘Es una cosa especulativa, lo admitimos, pero trataremos de minimizar el riesgo’. Así empezaron a contratar matemáticos de muy alto nivel para construir modelos que aseguraban que no podían perder", agrega.

Kouyoumdjian conoció a muchos de ellos en la City de Londres, el centro financiero de la capital británica. Desde ahí presenció cómo, a mediados de los ochenta, surgían los especuladores más jóvenes los famosos yuppies , que poco después eran los niños mimados de las plazas financieras más importantes. "Se creían los dueños del mundo. Eran ambiciosos, atrevidos y arrogantes. La forma tradicional de ganar dinero era bien lenta: comprabas acciones y esperabas que subieran. Pero los yuppies dijeron: ‘Vamos a hacer dinero más rápido’", relata el experto.

Hernán Cortés, académico de la Universidad Adolfo Ibañez, explica: "Durante los últimos 15 años se sofisticaron aún más los instrumentos de inversión y se profundizó especialmente el de los futuros. Eso hasta el momento era desconocido". Fue así como el ingenio de los traders dio con instrumentos como los bonos securitizados, que profundizaron la debacle: papeles sobre papeles sobre papeles. "Lo riesgoso es que estos tipos pensaron que eran magos y eran capaces de hacer dinero donde no lo había. Esta crisis demostró que estaban equivocados", sostiene un analista financiero.

A juicio de Hugo Fazio, en tanto, "la especulación financiera tiene una lógica que no descansa en los factores económicos reales. Quienes especulan lo hacen porque quieren ganar mucho, y eso tiene una irracionalidad gigantesca, porque para eso crean una sensación que no descansa en la economía real, como es el caso de la burbuja inmobiliaria. Los precios que alcanza un producto con la especulación no tienen una explicación lógica".

Chile sin burbujas

Todos los expertos coinciden en un mismo punto: en Chile el mercado financiero nunca alcanzó la profundidad y la sofisticación que tiene en Estados Unidos. "Afortunadamente", agregan. Una de las diferencias es que aquí todos los bancos pertenecen a la categoría de comercial y están normados por la ley, considerada una de las más estrictas. "En Chile son muchísimo menos riesgosos, porque hay un rol activo de la superintendencia y altos niveles de autorregulación de los principales agentes institucionales: bancos, corredoras de bolsa, agencias de valores", asegura Wigodski.

Francisco Castañeda, académico de la Universidad de Santiago, agrega: "En el país no existen burbujas financieras propiamente tales, al estilo de Wall Street y de los ex bancos de inversión. De hecho, el valor de las propiedades no está absolutamente desalineado con la trayectoria de la economía, mientras que en algunas áreas de Estados Unidos y el Reino Unido las viviendas triplicaron su valor. Y el precio de las acciones locales no muestra ni evidencia reventones de burbujas".

El experto precisa que en Chile lo que sí existe son otros tipos de operaciones financieras que están sancionadas por la Superintendencia de Valores, como el uso de información privilegiada y la falta al deber de reserva. De hecho, en los últimos años se han registrado varios casos donde se han visto involucrados grandes inversionistas. "Hay ejecutivos y accionistas controladores, como sucedió en el caso de Lan con Sebastián Piñera, que compraron acciones antes de la publicación de los resultados financieros, sabiendo en forma asimétrica que éstos venían mejores que lo esperado en términos de flujo. Hechos como esos terminan afectando la confianza de los accionistas, las AFP y los inversionistas extranjeros", concluye. //LND

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